miércoles, 10 de agosto de 2016


CAMPAMENTO CHUQUICAMATA


La construcción del campamento comenzó en 1917. Los ingenieros encargados determinaron la ubicación de dos grandes complejos de casas, las que se ubicarían a tres kilómetros de distancia de las rejas que marcaban el límite de las áreas de trabajo.
A pesar de constituirse como un campamento minero, éste contaba con la comodidad clásica de la época, puesto que albergaba además de los trabajadores que se desempeñaban en la mina, a altos mandos y ejecutivos norteamericanos que eran parte de la empresa Braden Cooper Co, compañía norteamericana que estaba a cargo de la explotación de la mina a principios del siglo XX, que cambiara posteriormente su nombre a Chile Exploration Company, más conocida como Chilex Company.
Los primeros antecedentes de un centro urbano en lo que se conoce como Chuquicamata, fueron Placilla y Punta de Rieles. En estos lugares comenzó la venta de víveres y los primeros centros de diversión. En 1912 comenzó la construcción del campamento. La empresa solicitó concesiones y permisos para dotar a las faenas de agua potable y de uso industrial, energía eléctrica, ferrocarriles, líneas telefónicas y terrenos donde efectuar las construcciones de las diferentes áreas de trabajo y residencial. Una de las primeras autorizaciones que recibe la empresa provino del alcalde de Tocopilla y tuvo como objetivo permitir el uso de terrenos para el levantamiento de una planta eléctrica que daría energía a Chuquicamata.

Una vez instalado el campamento y aún con la marcada diferencia de clase que podía apreciarse en el tipo de viviendas y en la división entre campamento americano y campamento de empleados, Chuquicamata se transformó en una pequeña ciudad, autónoma de Calama que era la ciudad más cercana, puesto que contaba con todos los servicios básicos disponibles, escuelas, hospitales, almacenes, carabineros, bomberos y un sin número de lugares que representaban la vida social que se desarrollaba allí dentro.
La vida pública del mineral transcurrió principalmente en su plaza (y alrededores) y en el campamento americano. En resumen los edificios y lugares con mayor valor histórico de Chuquicamata son: Chilex Club; Teatro Variedades; Teatro Chile; Chub Chuqui; Auditorio Sindical; Club Social Obrero. La Educación estaba representada por la Escuela D-54 La República; el Liceo B-10 América (ex Liceo de Hombres); y el Colegio Chuquicamata.  Las creencias religiosas estuvieron presente en la Parroquia El Salvador y los templos Bautista, Adventista, Metodista, Iglesia del Evangelio Cuadrangular, Iglesia Metodista Pentecostal, Salón del Reino de Los Testigos de Jehová y la Iglesia Mormona.
Otros lugares históricos de Chuquicamata son: la Plaza Los Héroes, Hospital Roy H. Glover; y el comercio representado por Emporio "La Verbena”; Almacén La Reina; Club Social; Radio "El Loa"; El nuevo Gallo; Botillería "El Minero; Salón de Té "Carloncho”; Ferretería Rossi; Casa Ruiz; Librerías "Chilex" y "La Unión"; Club De Empleados; Gran Tienda "La Vicuña”, Botica Chilex; La Riojana.
Todos los lugares mencionados hicieron de Chuquicamata un lugar de ensueño y se recuerdan hoy en día con la nostalgia intacta por quienes fueron testigos de su evolución, aún a casi cinco años del cierre oficial del campamento el 31 de agosto del 2007.
En 1992 Chuquicamata fue declarada zona saturada de material particulado respirable y anhídrido sulfúrico. El año siguiente, se detectó que la zona tenía altos niveles de arsénico. Estos problemas ambientales, sumado a dificultades con la expansión de la mina (debido al alto precio de los terrenos adyacentes, con excepción del campamento), motivaron que Codelco tomara la decisión entre 1992 y 1997 de trasladar a la población de Chuquicamata, construyéndoles casas en Calama las cuales estarían totalmente equipadas y no serían dadas en comodato como las de Chuquicamata, sino que serían suyas de por vida. El traslado de las familias en gran mayoría no ocurriría hasta 2004.


viernes, 29 de julio de 2016


EN BUSCA DEL TESORO PERDIDO



Las historias sobre naufragios siempre han estado asociadas a la idea de tesoros ocultos en las profundidades del mar.Esta sola imagen motivo a frenéticos aventureros, quienes provistos de mapas y muchas ganas de navegar, se propusieran recorrer los océanos en busca de su merecida recompensa. Los escritores, con sus vivencias reales a o las creaciones de su pluma imaginativa, tampoco han estado al margen de esta especie de " atracción mágica" que tiene la visión de un barco hundido y sus tesoros ocultos.

Sin embargo, la realidad ha superado la ficción , sorprendiendo incluso a los más escépticos
Es el caso del hallazgo de la barcaza inglesa " Mary Imre", que naufragó el 7 de Junio de 1853 a unas leguas del archipiélago de las Guatecas, en las proximidades de la provincia de Chiloé, con un enorme cargamento de lingotes de Cobre con contenido de Oro y Plata. Gracias al trabajo de un grupo de destacados historiadores nacionales, se ha podido determinar con exactitud su origen, las circunstancias de su hundimiento y , al mismo tiempo, rescatar parte importante del cargamento de la nave.



Hallazgo del Tesoro

La historia del hallazgo se remonta al año 1995 cuando un pescador llamado Eladio Meza Llauca fue sorprendido  en las inmediaciones de Quellón con un cargamento de barras de cobre, las cuales fueron decomisadas  y puestas a disposición del juzgado del Crimen de Castro . Estas barras provenían de una barcaza siniestrada en las proximidades de Chiloé.
Con el objetivo de determinar el origen de los lingotes, el magistrado que instruye la causa tomó contacto con las autoridades del Ministerio de Mineria, específicamente para requerir antecedentes sobre las marcas que tenían las barras de cobre.
Es así como un grupo de historiadores, encabezados por el vicepresidente de la
Sociedad de Historia y Geografía  y Fiscal del Ministerio de Mineria Gastón Fernandez Montero emprendio una verdadera " investigación Historica " para identificar la nave hundida y determinar la data de naufragio.
La investigación conto con el apoyo de la profesora de historia de la Universidad de Chile, Luisa Maria Méndez; y los Historiadores Oriel Alvarez Gómez, autor del libro " Chañarcillo de Plata", y Adolfo Ibañez Santa Maria.
A través de la investigación se llegó a determinar que los lingotes de cobre fueron embarcados en el puerto Huasco el 5 de marzo de 1853 con destino al puerto de liverpool . El Capitan de la barcaza era de apellido Lynn y había fondeado primero en valparaiso el 28 Febrero de 1853.



Viaje del Mary Imre

El "Mary Imrie" realizó el viaje en 124 días, transportando a nuestro país carga surtida. La nave venía con cinco pasajeros consignados a la firma PH Taylor y compañia de Valparaiso.
Luego de su paso por el puerto de Valparaiso, la nave inglesa recaló en el puerto de Huasco, donde permaneció un mes cargando lingotes y minerales de alta ley. Estos lingotes fueron tratados en tres fundiciones de la zona de Huasco, pertenecientes a igual numero de destacados mineros y fundidores del norte del país; Don Pedro Pablo Cortéz, el doctor Eduardo Hardy y don José Ramón Pérez.
Al respecto se sabe que Pedro Pablo Cortéz perteneció a una tradicional familia freirenense, de trapicheos y fundidores, propietarios de algunas minas de cobre en el distrito de San Juan . El año 1840 Cortez llegó a ser regidor de Freirían.
Por su parte, don José Ramón Pérez exploto y fundio cobre en el distrito de San Juan y Carrizal Alto, mientras que el doctor Hardy , un ingles que se estableció en Freirían allá por el año 1825 exploto y administro una fundicion llamada "Labrar" y también tuvo una fundición de cobre en el puerto de Huasco llamada "Astillero". De esta ultima fundición aún se mantiene una chimenea que fue declarada Monumento Nacional









Alta Pureza de Cobre

Según las investigaciones realizadas los lingotes del "Mary Imrie" según cuenta Gaston Fernandez Montero y de los cuales ya se recuperaron extraer 157 , con un peso de alrededor de 97 kilos cada uno, tienen alta pureza de cobre. Se ha logrado determinar un grado de pureza de 98,7 por ciento de cobre , con 6,3 gramos de Oro y 105 gramos de plata.
La causa mas probable del hundimiento de la nave habría sido una tormenta. De acuerdo a los informes de la época 1853 fue un año especialmente crudo en el sur del país, e incluso hubo numerosos naufragios en la zona.
Otro elemento que resulta importante destacar es que todas las barras están marcadas . La razón es muy simple era evitar fraudes. Se trata que en esa época algunos mineros al fundir la barra le introducían escoria y ese fraude se denominaba "sopa en barra".
Ante esta situación, el Rey de España por intermedio del tribunal de Mineria de la época colonial, exigió a todos los fundidores que le pusieran a las barras una marca que los hiciera responsables y esto se siguió haciendo durante la Republica.



Los Lingotes
En este momento , los lingotes de cobre se encuentran en poder del Ministerio de Mineria y del Consejo de Monumentos Nacionales. Asimismo, algunas barras se han donado a instituciones como la Comisión de Mineria  de la Camara de Diputados y del Senado ; la Corte Suprema de Justicia; el Museo Mineralógico de Copiapo y la Universidad de Atacama, entre otras.
Actualmente, se están realizando las gestiones para que la Sociedad Nacional de Mineria también cuente con una barra proveniente del "Mary Imre", con el objeto de que sea exhibida en sus nuevas oficinas institucionales.
El Vicepresidente de la Sociedad de Historia y Geografía y Fiscal del Ministerio de Mineria de ese entonces, Gaston Fernandez Montero afirma que el hallazgo de los lingotes de cobre es un testimonio de la tradición metalúrgica de nuestro país.
El historiador sostiene que "Chile es un gran cementerio de barcos hundidos, atendiendo al extensa costa que baña el territorio". Al respecto menciona el caso del barco "Cape horn" hundido en 1869 en la Bahia de Pichidangui. En 1934 se recuperaron de los restos de este naufragio las primeras 272 barras de cobre . Al respecto, Gaston Fernandez dice que se está buscando la forma de que estos barcos puedan ser rescatados por algunos particulares ; "la idea es que parte del cargamento se destine a fines culturales y, la otra, pueda servir como recompensa por el esfuerzo desplegado"










miércoles, 27 de julio de 2016

La Historia del Hombre de Cobre


Desde una vidriera en un connotado museo estadounidense, un minero aymara del año 500 d.C. mira hacia al sur. Encontrado a fines del siglo XIX en una ladera del actual yacimiento Chuquicamata en Chile, el primer minero conocido del país espera volver a su tierra natal. 
La zona de Chuquicamata, en la que esta semana la cuprífera chilena anuncia la inversión de más de US$3.000 millones para que la mina a tajo abierto más grande del mundo se transforme en un yacimiento subterráneo, es también epicentro de una importante y poco conocida historia patrimonial.
En un connotado museo estadounidense, desde una fría vidriera, el minero aymara del año 500 d.C. mira hacia al sur. Encontrado a fines del siglo XIX en una ladera de lo que hoy es la citada e importante minera chilena, se trata de un importante símbolo de la relación de ese país con la actividad extractiva.





El primer minero local del que se tenga registro se encuentra en una caja de vidrio, frente al Central Park de Nueva York. Se trata del cuerpo momificado de un hombre de mediana edad  que quedó atrapado en un derrumbe.
Fue descubierto en octubre de 1899 por el ingeniero francés Maurice Pidot, cuando Chuquicamata era una pequeña pertenencia minera llamada “La Restauradora”.
Pidot dirigía faenas para la extracción de cobre cuando una de las laderas cedió con gran estrépito, dejando al descubierto un cuerpo humano que denotaba no ser contemporáneo, pero que se encontraba en muy buenas condiciones de mantenimiento. Junto a él habían antiquísimos artefactos para sacar mineral y variados utensilios personales.
Se trataba del hallazgo de un aymara, que ya en los primeros 500 años después de Cristo, se dedicaba a la extracción de cobre en la zona, lo que simbólicamente marca con claridad la importancia de esta actividad en la historia de Chile. El malogrado primer minero perdió la vida al sufrir el derrumbe y quedarse sin oxígeno.




La donación del banquero
La falta de humedad de la tierra, entre otras cosas, debido a la existencia del metal rojo, facilitó las condiciones para que el cuerpo quedara recubierto por una característica capa verdosa que lo hizo llamar desde el primer momento en que se descubre como "El hombre de cobre". La suerte corrida por el primer minero local a partir de su descubrimiento ha sido, sin duda, de dulce y agraz.
Comprado, revendido, mal pagado y mal usado como elemento de cambio, la figura momificada ha conocido las más diversas manos que lo han hecho formar parte desde fines del siglo XIX en diferentes escenarios y lugares entre Chuquicamata, Valparaíso, Búfalo y Nueva York, por citar algunos.
Desde circos de personas y artículos extraños hasta curiosidad científica, el cuerpo momificado que data del año 500 d.C. finalmente llegó hasta el Museo de Historia Natural de Nueva York el año 1905, en una de cuyas vidrieras se ubica simbólicamente frente al Central Park hasta el día de hoy.
Chile ha hecho tres intentos por recuperar la simbólica momia, pero la operación es particularmente compleja. Si bien ha sido posible recuperar en parte la ruta que debió hacer "El hombre de cobre" hasta llegar al destacado museo estadounidense, lo cierto es que desde el primer momento sus transacciones se dieron en el ámbito privado.
De hecho, es la intervención del banquero John Piper Morgan lo que –al adquirir la momia- facilita la llegada del cuerpo a una entidad científica: el inversionista donó su compra al citado museo neoyorquino.




Mirando al sur
La primera gestión por recuperar la momia fue en 1990 por parte del director del Museo Precolombino, Carlos Aldunate, y del actual Premio Nacional de Historia, Lautaro Núñez. En esa oportunidad, la instancia estadounidense rechazó de plano la posibilidad, entre otras razones, por considerar que Chile no contaba con las condiciones necesarias para la buena conservación del cuerpo.
La segunda solicitud fue realizada el año 2005 por parte de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami), el Museo Precolombino y la minera estatal Codelco. Esta vez la negativa se mantuvo en cuanto a la posibilidad de traslado, pero finalmente se llegó a la posibilidad de que expertos chilenos y estadounidenses pudiesen efectuar un escáner tridimensional de la momia, lo que permitió construir una réplica cien por ciento fiel al original.
Dicha operación se efectuó y la copia exacta de la momia recorrió el país por varias ciudades hasta llegar a su destino actual, que es el Museo de Lasana, ubicado en la segunda región de Chile.
La tercera y última negociación se lleva a cabo el año 2011, en un especial contexto: la muestra en Washington de la exposición “Against all odds: Rescue at the Chilean Mine”, dedicada al exitoso rescate de las 33 personas atrapados en la mina San José. La directora de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile (Dibam) de entonces, Margarita Krebs, se reunió con la directora de Conservación de la División Antropología del Museo de Historia Natural de Nueva York, Judith Levinson.
Como la momificación que sufrió el cuerpo no fue producto de un proceso pensado para eso, el paso del tiempo le restan grados de seguridad a su conservación. De allí es que sea imprescindible mantenerlo en las condiciones que lo tiene el museo neoyorquino. Su eventual traslado requiere, entonces, delicadas fases que permitan mantenerlo tal cual se encuentra actualmente.
Por todo ello, la entidad estadounidense le pidió a la autoridad chilena que le entregue una propuesta en torno a cómo Chile pretende llevar adelante el proceso de recuperación de "El hombre de cobre", especialmente en cuanto a las condiciones científicas del traslado. De eso ya pasan tres años y hasta ahora no se conocen mayores novedades.
Por mientras, frente al Central Park de Nueva York, la figura del primer minero de Chile sigue mirando al sur. A la espera de un difícil regreso a casa.



Articulo de:  ifestyle.americaeconomia.com

sábado, 23 de julio de 2016



DEFENDIENDO LA MEMORIA CHILENA 

Por Gastón Fernández Montero





Nacido en la ciudad minera de Illapel, Gastón Fernández Montero, actual integrante del Consejo de Monumentos Nacionales, ha estado ligado la mayor parte de su vida a la actividad extractiva. Abogado y especialista en derecho minero de la Universidad de Chile, en 1965 ingresó a la Empresa Nacional de la Minería (Enami) donde ejerció durante once años como abogado, para posteriormente convertirse en Fiscal de dicha entidad.
Luego realizó esta misma función en el Ministerio de Minería, donde incluso llegó ser subsecretario (s) de dicha cartera. Hoy está dedicado a la docencia en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile y en la Universidad Santo Tomás.
Es miembro honorario del Instituto de Ingenieros de Minas de Chile (IIMCH) y de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía. A raíz de esta última asociación, desde 1995 Gastón Fernández ocupa un puesto como representante en la Consejo de Monumentos Nacionales, cargo en el cual fue renovado recientemente por tres años más.
“Ahí desarrollo la función que todo consejero efectúa y que está relacionada con la declaratoria de las distintas categorías de monumentos nacionales que existen, porque el Consejo de Monumentos Nacionales es un organismo técnico del Estado, que depende del ejecutivo a través del Ministerio de Educación”, señala el abogado.
Próceres de la historia minera
Desde este cargo Fernández plantea a MINERÍA CHILENA sobre la importancia de difundir el aporte que efectuaron diversos próceres de la historia minera del país, ya que a su juicio muchos chilenos desconocen la labor que estos personajes han desarrollado.
A modo de ejemplo, el abogado dice que “la gente conoce muy poco sobre William Braden. Sin embargo, este norteamericano fue quien inició esta actividad (extractiva a gran escala) en el país (…) y cambió la dimensión de la minería tradicional al iniciar los trabajos en la mina El Teniente, que es la primera faena de la gran minería en Chile”.
Agrega, también, que “nadie sabe quién fue Nazario Elguín, pirquinero de Caleu y el que puso en valor al mineral Los Bronces, actualmente en explotación en la Región Metropolitana y que llegará a convertirse en uno de los yacimientos (de cobre) más grandes del mundo”.
Sobre este desconocimiento que existe en torno a los personajes de la historia minera de Chile, Gastón Fernández plantea que es importante que tanto los medios de comunicación como las personas encargadas de la educación difundan no solo los grandes hitos o batallas -como Rancagua o Cancha Rayada-, sino que además pongan énfasis en la historia económica del país.
Museo de la Minería: una tarea pendiente
Para Gastón Fernández una plataforma que permitiría difundir la historia y cultura minera es la creación de un museo del cobre. “Es una deuda que está pendiente –critica-. Porque es inconcebible que un país que basa su economía en esta industria no tenga un museo en Santiago, y que exista una ignorancia generalizada sobre la actividad minera”. Y enfatiza que “Chile sin minería sería otro”.
Añade que un museo es precisamente el lugar donde se puede desarrollar y registrar la huella que ha ido dejando la actividad en el país.
“Naciones mineras como Alemania, Inglaterra y Australia tienen este tipo de espacios. Incluso han transformado minas en museos… ¿Y en Chile qué es lo que hay? Nada”, se lamenta el abogado.
Sostiene que Chile es un país líder mundial en cobre, pero si viene un extranjero y quiere conocer la historia minera, no existe ningún lugar donde llevarlo. “Codelco posee una colección valiosa, pero la tiene itinerante”, comenta.
Fernández menciona el caso del “Hombre de Cobre”, una momia que se encontró en Chuquicamata y que sin embargo no está Chile. “Está en Nueva York y empezamos a difundir su existencia para que los chilenos conocieran que la minería está ligada a la actividad humana desde tiempos inmemoriales”, puntualiza.
Cuenta que recientemente se obtuvo la declaración del Palacio Elguín -ubicado en el barrio Brasil del centro de Santiago- como monumento nacional, por lo cual reflexiona que sería “bonito” que esa dependencia se convirtiera en el museo del cobre.

TESTIMONIOS BLOQUEO DE IQUIQUE

“Testimonios y Referencias del Bloqueo de Iquique y del Combate Naval del 21 de Mayo de 1879


El Excmo. Señor Alberto Puig Arosemena, ex Embajador de Ecuador en Chile, actualmente acreditado ante la República Argentina, ha querido se reediten en nuestro país las «Memorias del Bloqueo de Iquique» que, con sin igual talento, erudición y riqueza de lenguaje, escribió, por el año 1910, su ilustre padre, don Jaime Puig y Verdaguer, testigo ocular de la epopeya que cubriera de gloria a la marina chilena1.Con este gesto, el distinguido diplomático de nuestra hermana República del Ecuador pone una vez más de ma- ni esto sus afectuosos sentimientos hacia Chile, ya demos- trados con largueza en ocasión de su estadía entre nosotros. Sus iniciativas que, de prosperar alguna vez, importarían dar estructura de granito a las tradicionales buenas rela- ciones chileno-ecuatorianas, ahora en el ancho campo de la complementación económica de ambos países, singulari- zaron al Excmo. Señor Puig Arosemena como un sincero y denodado amigo de Chile. El autor de Las «Memorias del Bloqueo de Iquique» quiso que el recuerdo de aquellos altos ejemplos de valor, honor y patriotismo fueran retenidos en la memoria de sus hijos, sino una enseñanza saludable que fortaleciera su ci- vismos. El hijo, no solo ha cumplido tal encargo, sino que, excediéndole noblemente, anidó en su corazón los más cor- diales y cariñosos sentimientos hacia la nación que, a su turno, heredara el valor, el honor y el patriotismo de los héroes que, en la rada de Iquique, sacri caron la vida en aras de su destino.
Y bien, con el antecedente de esta sucesión de Familiares sentimientos, nos hemos introducido era las bellas páginas de las memorias de don Jaime Puig y Verdaguer, escritas con la emoción, con el entusiasmo, pero al mismo tiempo con la justicia y la ecuanimidad, del hombre superior que no necesita hacer esfuerzos para ensalzar la proeza de unos, sin menguar la actuación y la conducta de los otros.Porque, si bien las «Memorias del Bloqueo de Iquique» resultan destinadas a inmortalizar en el recuerdo escrito el heroísmo, el desprecio por la vida, el amor ciego por la patria, el concepto rígido y acerado del cumplimiento del deber, de que hicieron gala Arturo Prat y sus compañeros de sacri cio, el autor, en parte alguna de su libro, deja de reconocer el patriotismo con que, a su vez, lucharon en la homérica contienda los marinos del Perú.
Llama poderosamente la atención el conocimiento cabal que el señor Puig y Verdaguer demuestra tener de la terminología náutica. O ciales de la Armada, con quienes hemos comentado sus Memorias, se manifestaron extrañados de una versación tan extraordinariamente completa en una materia técnica ajena a las actividades habituales del autor.
Pero, lo que más impresiona en el libro de don Jaime Puig y Verdaguer, es la belleza incomparable del lenguaje. Le niega el, en su prefacio, todo carácter de joya literaria. Sin embargo, bien que, sin la autoridad del crítico profesional, no podemos dejar de recti carlo a este respecto, pues las «Memorias del Bloqueo de Iquique» están escritas con tal re nada elegancia con tanta inspiración, que proporcio- na a la narración de los acontecimientos esa fuerza pictórica propia solo de las grandes creaciones literarias.
El Combate Naval de Iquique, la inmolación de Prat, de Serrano, de Uribe, de Riquelme, de Aldea y todos los demáshéroes que sucumbieron ante la idea de que la bandera de Chile no puede jamás ser arriada por imposición del ene- migo, es la página más gloriosa de la historia de Chile. A partir de 1879, todas las generaciones de nuestros marinos han vivido inspiradas en el ejemplo escrito con la sangre de aquellos inmortales.Permítasenos, entonces, que al prologar el hermoso libro que leeréis a continuación, rindamos a su autor, don Jaime Puig y Verdaguer, el cálido homenaje de la gratitud chilena hacia el noble extranjero que, en forma tan brillante, supo vaciar su emocionada admiración por la hazaña de que vive orgulloso un pueblo jamás vencido.Arturo Olavarría Bravo